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Paisaje protegido

Por Jorge Daneri (*)

El paisaje es protegido, expone la ordenanza. Todas las normas que lo nombran, desde visiones diversas, lo intentan cuidar. Aquellos legisladores de Paraná las crearon con la ayuda de actores claves de la cultura y la arquitectura de la ciudad en marcha, tierra madre nuestra, “ciudad paisaje”, decimos ya sin egoísmos políticos partidarios, como que somos parte también y aún de ” todos los verdes” entre los ríos.

Y entonces, se dibuja desde cientos de años por el río y su geología de selvas en galería, islas perdidas, la Toma Vieja. Y sí, la ordenanza relata que su paisaje es protegido.

¿Cuál paisaje?

¿Es el paisaje cerrado, como encarcelado de la mensura de la Toma Vieja como área de propiedad o dominio público? El paisaje protegido ¿es esa área, territorio o superficie, dibujo en el plano, en la mensura del catastro, en el espacio blanco de la lámina con vértices atados?

Si ésta lógica se impusiera, se podrían construir enormes barreras de cemento en los cuatro lados fuera del plano y enormes edificios con tecnologías extraterrestres, incluso de pantallas 3 o hasta 9D o lo que aún resulta impensado, para inventar el río artificial que seguirá virtualmente acompañando y engañando al hombre dios o al hombre demens.

No, no es esa interpretación. El paisaje protegido trasciende los límites del plano o la mensura, incluso los de la estupidez humana. Lo protegido es la mirada única de Cesáreo Bernaldo de Quirós, los colores geniales de Augusto Nux, los poemas de Juan L Ortiz, como los soles, pájaros, río y mujeres de Gloria Montoya.

El paisaje protegido es la mirada hacia el Norte, hacia el Oeste, hacia la ciudad en atardeceres enmudecidos frente a semejantes bellezas que cautivan almas y amores.

Proteger el paisaje no es solo proteger nuestro futuro de río, paz y equilibrios, es proteger nuestra propia historia, el arte y la cultura de un pueblo que intenta comprender y volver a resistir lo que no se construye ni decide colectivamente, sino en la gran ciudad de los planos sin historias, sin poesía, sin gentes del territorio. Son procesos de ejercicio del abuso del poder, sin participación ciudadana, sin escucha.

Son como esas decisiones, cuando en la segunda década infame de la Argentina del siglo pasado, durante el menemismo, desde la visión del plano país, de la mensura fría, fueron desapareciendo decenas y decenas de pueblos junto a las vías y sueños del ferrocarril destruido.

Es el plano-plano, sin texturas y diversidades, o como mejor dicen los consultores del BID, o la Corporación Andina de Fomento al diseñar las autopistas y sus mega puentes, “territorios vacíos” que se deben integrar de la mano de hierro de los corredores bioceánicos.

Si el túnel Paraná – Santa Fe fue una resistencia al poder central, el puente en el paisaje protegido no será una imposición de ese poder a esta tierra nuestra. ¿Qué diría el Gobernador Raúl Uranga?

Es que además el paisaje protegido expresa la naturaleza y sentir centenario que un escudo nuestro, el municipal, el oficial, ni mas ni menos que el símbolo de la ciudad, el que desde su propia belleza contempla muy precisamente, este mismo paisaje protegido por la ordenanza como abrazando e interpretando al propio Escudo Municipal desde su espíritu de ley local.

¿Y el artista, el creador del escudo nuestro, hacia donde mira, qué contempla?  La Bajada de Nuñez, así como de claro, así de solemne, allá al Este de la ciudad, incluso lugar genialmente único por decisión de la naturaleza, donde el río inicia su curva, la de Juanele, corriendo con su luminosa bravura, de Este a Oeste.

Los poetas, los músicos, los muralistas, los artistas plásticos, los escultores, los fotógrafos,  los estudiantes que aún intentan pensar y hacer lo no pensado en activa paz, se tendrán que autoconvocar y organizar para vestir de celebración y creación esta resistencia al mega-cemento tan pero tan mal impuesto, ubicado, dibujado en el plano gris de lo absurdo.

Escudo de Paraná, bandera de la ciudad, “ciudad paisaje” y “protegido paisaje” de la Toma Vieja. Allí estas paisaje.

Y la voracidad  productivo-consumista nos  quiere llevar puesto los recuerdos futuros y el poder seguir aferrados a las utopías posibles y éstas tan reales como nuestra madre tierra aquí y ahora en la Paraná que no nos deja de enamorar y menos el de continuar defendiéndola y resistiendo a las locuras de estas élites gerenciales que administran los territorios públicos y sus bienes comunes, creyendo que son la continuidad de sus corporaciones.

Parece que no lo advierte, que como en otras oportunidades, por aquí, por esta parte del río, por lo menos por esta región, no pasarán.

(*) abogado, especialista en derecho ambiental, integrante  de CAUCE

 

Imagen: “PUERTAS DE LA TIERRA”

Pintura al óleo sobre hardboard.

QUIRÓS, Cesáreo Bernaldo de

Argentino 1879-1968

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