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Arroyos de Paraná: responsabilidad política y ciudadana. Justicia por Patricia, Kiara y Fiorella

Desde Fundación CAUCE expresamos nuestro más profundo dolor por la muerte de Patricia Mena y su hija Kiara Barrios –víctimas del reciente temporal que azotó a la ciudad de Paraná– y abrazamos con respeto y solidaridad a sus familias y a toda la comunidad. Esta tragedia se suma a la muerte de Fiorella Furlán, ocurrida años atrás, también en el contexto de las problemáticas que afectan y derivan de los arroyos más urbanizados de Paraná. 

No son hechos aislados. Son consecuencias de una forma de planificar, intervenir y habitar la ciudad que durante décadas ha dado la espalda a sus arroyos, esos ríos urbanos que están presentes aunque no los veamos. 

Paraná está atravesada por múltiples cuencas y cursos de agua que modelan su geografía, su biodiversidad y su identidad. Sin embargo, gran parte de estos arroyos han sido canalizados, entubados, modificados o convertidos en receptores de residuos y efluentes cloacales e industriales. La mayoría han sido invisibilizados en la planificación urbana y tratados como obstáculos a “ordenar” en lugar de considerarlos ecosistemas vivos que cumplen funciones esenciales como absorber y conducir el agua de lluvia, regular el escurrimiento y amortiguar inundaciones, sostener la biodiversidad urbana y formar parte del paisaje y del patrimonio natural de nuestra Paraná. 

Lo grave es que cuando se alteran sus dinámicas naturales sin una planificación integral de cuenca, cuando se impermeabiliza el suelo sin prever escurrimientos, cuando se permite la ocupación de áreas inundables sin políticas de adaptación climática, el riesgo aumenta y aumenta de tal manera que termina con vidas humanas y familias destrozadas. Y ese riesgo no es abstracto: tiene nombres propios. Como sociedad no podemos permitir que haya más Patricias, Kiaras y Fiorellas.

Como sociedad tenemos que pensar en nuestra responsabilidad. Uno de los problemas estructurales que hemos señalado reiteradamente en nuestros informes es la acumulación de residuos en los cursos de agua urbanos. La basura arrojada en la vía pública o en las márgenes de los arroyos termina obstruyendo desagües, alterando el escurrimiento y agravando las consecuencias de lluvias intensas. Pero es necesario también decir con suma claridad que la responsabilidad no es exclusiva tampoco de la ciudadanía.

El rol del Estado es CLAVE. Para ciudades como Paraná, rodeada  e inmersa en cursos de agua, se requiere del diseño y ejecución de políticas públicas integrales de gestión de residuos, sistemas eficientes y universales de recolección con separación en origen, infraestructura adecuada, monitoreo y mantenimiento permanente de los cauces, sanciones efectivas frente a prácticas ilegales de desechos y efluentes, transparencia en la información y acceso a datos sobre obras e intervenciones. Al mismo tiempo, es indispensable fortalecer la educación ambiental en todos los niveles, promoviendo una cultura del cuidado del agua y del territorio. Reconocer que el residuo que tiramos en la calle no “desaparece”: termina en el arroyo, en el río, en nuestro propio entorno.

En este sentido, reconocer los arroyos como parte de la ciudad implica también transformarlos en espacios de aprendizaje y de construcción comunitaria. Para ello, necesitamos programas sostenidos de educación ambiental en escuelas, universidades e instituciones públicas y privadas, señalización y puesta en valor de los cursos de agua urbanos, procesos participativos en la planificación de obras que realmente sean necesarias, campañas públicas de sensibilización sobre riesgo hídrico por las consecuencias del cambio climático que son cada vez más frecuentes y políticas de restauración ecológica de márgenes y humedales urbanos.

Como hemos mencionado en reiteradas oportunidades y es de público conocimiento, la crisis climática intensifica eventos extremos. Las lluvias son cada vez más intensas y concentradas en pocas horas. Esto exige políticas de adaptación basadas en la naturaleza, no sólo en soluciones de hormigón. Entubar y canalizar no debería ser la única solución posible que se plantee desde el Estado. Una gestión integrada de cuencas urbanas no es una opción técnica: es una obligación ética y jurídica.

Por esa razón, desde Fundación CAUCE hemos sostenido que toda intervención en arroyos urbanos debe contar con Estudios de impacto ambiental específicos y rigurosos y de impactos acumulativos, debido acceso a la información pública, instancias reales de participación ciudadana, evaluación de alternativas menos lesivas y un claro enfoque de derechos humanos y justicia socioambiental.

La planificación urbana no puede seguir fragmentada ni reactiva. Debe ser preventiva, integral y basada en evidencia real, actualizada, técnica y científica.

Las muertes de Patricia, Kiara y Fiorella no pueden quedar reducidas a la categoría de “accidentes” o “fatalidades climáticas” cuando  existen advertencias previas, diagnósticos técnicos y antecedentes. Estamos ante riesgos que deben ser gestionados con responsabilidad por parte de quienes nos gobiernan y quienes resuelven los conflictos en el Poder Judicial.

Reafirmamos que los arroyos deben ser reconocidos como espacios ecológicos vitales, que la adaptación al cambio climático debe integrarse a la política urbana, la gestión del agua y de residuos es una prioridad de derechos humanos y que la prevención debe estar en el centro de la acción estatal.

Exigimos a las autoridades municipales y provinciales que impulsen una política integral de arroyos urbanos, con enfoque de cuenca, transparencia y debida y real participación ciudadana. Y convocamos a la comunidad a recuperar una cultura del cuidado del agua, a mirar nuestros arroyos no como amenazas invisibles sino como parte viva de nuestra ciudad.

Porque una ciudad que ignora sus arroyos pone en riesgo a su gente.
Porque la memoria también es una forma de justicia.
Porque no queremos seguir repitiendo lo que verdaderamente necesitamos como Ciudad, evitando volver a sufrir pérdidas humanas y ambientales, totalmente evitables.

Por Patricia. Por Kiara. Por Fiorella.
Por una Paraná que cuide la vida.

 

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